martes, 25 de noviembre de 2008


















EL OJO DEL ÁNGEL

El encapuchado golpea a ritmo de reloj con puños y pies. Insiste al maltrecho joven atado a una silla metálica, entre garabatos y maldiciones, que hable, que diga todo lo que sabe, es su última y única oportunidad. Música de la banda sonora del “Bueno el Malo y el Feo” a todo volumen desde el equipo de sonido, silenciaba los gritos, dominando el espacio del vagón de tren abandonado. Lugar al que fue conducido el delincuente juvenil apodado el Pingüino por otros dos embozados que le tomaron por sorpresa en el barrio Matadero. Esposaron sus manos, cubrieron la cabeza con una bolsa plástica negra, de una patada en las costillas fue lanzado al interior de un auto, y conducido al lúgubre recinto.

Al hombre que se deleita flagelando, los otros le llamaron Dedo Mayor y él a su vez al más gordo y fornido, le llamó Hermano Pulgar y Hermano Meñique al de baja estatura dotado de una contextura magra.

En una pausa provocada por el cansancio, ordenó el martirizador que ubicaran a uno de los dos limpiadores. El cabeza rapada, aumentando sus temores, recordó que en una película francesa, el limpiador es ejecutor de crímenes por encargo. Localizar al Dedo Índice o al Dedo Anular daba lo mismo, pero los limpiadores deben contactarse a la brevedad. Así de perentoria es la orden del jefe. El Pingüino, sangrando de nariz y boca, apretaba los dientes para no hablar, solo quejidos en respuesta a los golpes y palabrotas.

El torturador vestía ropas utilizadas en el camuflaje de la selva, cosa que no causó sorpresa en el Pingüino. Pero, los ojos, esos ojos, provocaron un terror angustiante... Uno café y el otro de color azul inyectado en sangre. Se hace llamar el Ojo del Ángel. En su mano derecha y en el dedo medio un anillo con una ¿svástica? O una figura que no pudo determinar. Al cuello y sujeta con cadena de plata, un talismán de color rojo, grabada en ella con letras negras la palabra Abraxas. El energúmeno insistió.

- Dime el lugar en que vive el Guarén. El Cd está tocando la canción “La Muerte de un soldado”. Tres minutos demora el tema. Mira el círculo luminoso del equipo de sonido, está marcando el tiempo, tu escaso tiempo. El tiempo es un ladrón. En algún instante de él, nada falta y en otro te aferras a la vida como parásito aterrorizado por la muerte y ésta nos contempla, desgraciado… Tienes diez segundos más para hablar, hijo de puta, en caso contrario... Quizás te encontrarán en algún canal comido por las ratas hermanas de tu socio. Un pedazo de mierda más, lanzada al torrente a nadie importará. ¡Habla conchas de tu madre!

- No conozco a ese guevón al que llamai Guarén- dice el Pingüino entre palabras entrecortadas por el dolor y los labios entumecidos por los golpes.

Intervino el hombre al que llamaban Dedo Pulgar.

-Lo embarrilamos, jefe, como en la pesca antigua y de seguro hablará.

De un bolso tipo marinero extrajo unas vendas sucias manchadas con sangre seca.

-Ayúdeme hermano Meñique.

Firmemente vendadas las manos y las piernas, el maleante transpiraba de pavor. Gemía. Sujeto con fuerza por manos enguantadas, recibió agua por la boca y las narices una y otra vez, hasta que el color de su rostro comenzó a viajar por el arco iris de la desesperación. Desde el rojo al morado, acercándose al azul y abultándose peligrosamente las venas del cuello

- No sé. Por mi madre que no sé. ¡No más agua, por favor!

El dolor y el flagelo reiterado, es siempre superior al anterior, acercándose casi al límite, donde habita la muerte. Cuando demoraba en volver en sí, golpes en el rostro le recuperaban para recibir de nuevo agua en su maltrecha cara.

- Es tu última oportunidad. Si dices el lugar por donde transita y ejecuta sus crímenes, aparte de las patadas continuarás vivo

De un mueble, el Ojo del ángel extrajo una pistola similar a la que utilizan los nazis en las películas, sacó el seguro y pasó la bala. Un tenso silencio. El CD consumía el último segundo de la banda sonora de Ennio Morricone.

La cuenta se inició lenta e inexorable llamando a la vieja de la guadaña.

- Uno... dos... tres... cuatro... seis.

- ¿Y el cinco, jefe? Falta el cinco – dijo envalentonado El Pingüino en una mueca de su hinchada y deforme boca, que intentaba entre sarcástica y divertida.

- Murió mientras contaba. ¡No gueveo! ¡Maldito skin! Siete... ocho.

Acobardado el Pingüino es conocedor de que toda pistola tiene su propia voz y por nada en el mundo deseaba conocerla. Sabe que una bala nunca miente y siempre dice la única monstruosa verdad. Comprendió el pobre diablo el valor de la vida, su propia vida terminaba en el diez y antes de viajar en la carroza fantasma conducida por Satán.

- Hablaré, hablaré. Diré todo lo que sé, pero no me mate.

La escasa valentía derrotada y de rodillas ante el cañón de la Máuser. Tiembla y solloza, solicitando clemencia. Se orinó encima sin poder evitarlo y el áspero olor del amoniaco de sus orines azotó el olfato del Pingüino como una bofetada más en su rostro.

Al Ojo del Ángel ningún antecedente debe escapársele, preparando el equipo para grabar, interrogó buscando detalles de los movimientos del Guarén, jefe de una tribu urbana de delincuentes juveniles conocida por el apelativo de Los pingas. El Pingüino relató que el Guarén, amenazado por narcotraficantes a los que les hicieron la mejicana, decidió ocultarse con amigos ocupas en una casa cercana al puente ferroviario de Lo Espejo. Viste como ellos, pero, el cinturón robado a un milico le identifica. Entre los últimos vestigios de su resistencia ocultó que El Guarén era su hermanastro. Conocedor que toda información entregada se confirma y las mentiras le llevarían marcado con tiza a la calle Las Cruces, o, calato en el coche largo antes que los maestritos gatillaran que era un cabrito cantor.

Un nuevo personaje enmascarado entró a la dramática escena. Habló acomodándose los guantes de cuero negro,

- Estaba cerca de aquí comprando anzuelos para el lenguado. Dígame Hermano Mayor. El corvo y los 9 milímetros están inquietas, necesitan destrozar carne y empaparse en la sangre de los asesinos a los que la ciega ley no castiga. A esos que se salvan de sus crímenes porque no tienen discernimiento y los jueces indolentes liberan, estas alimañas son peores que las bestias.

- Hermano Dedo Índice, en este Mp3 está la grabación con datos que entrego esta mierda. Usted, supongo que identifica a las tribus urbanas, debe vigilar y actuar cerca de los Ocupas. Prefiero que utilice el corvo y deje nuestra marca.

- ¿Son guevones iguales a este? - dijo, examinando a El Pinguino que yacía en el suelo.

- ¡No! Hermano. Esta escoria es cabeza rapada. Los ocupas son como los mohicanos y se pintan el pelo de colores llamativos, chaquetas de cuero, varios aros en las orejas, pantalones ajustados y botas militares, son anarquistas y comúnmente viven agrupados en casas desabitadas. Fíjese que éste usa bototos con cordones blancos, es uno tradicional, un Sharpe. Estas mierdas forman las barras bravas e intentan según ellos llevar una vida natural, pero son peligrosos, no debe confiarse. El que usted eliminará lleva un cinturón de milico y por correo electrónico haré llegar sus datos junto a una foto que entregará el Dedo Meñique. ¿De acuerdo? Se apoda El Guarén, después de efectuado el trabajo, déjelo en la línea del tren sobre los rieles – Gruñó el Ojo del Ángel.

Mientras los encapuchados intercambiaban impresiones, el Pingüino a duras penas logró arrodillarse y observó el lugar en donde nacieron sus desdichas. Entre agitados movimiento de su pecho rescatando oxigeno, oyó que el viento de la noche mantenía largas conversaciones con las planchas de zinc de las techumbres cercanas. Allá lejos en alguna casa o en una desierta calle, un perro ladró furioso a un gato o tal vez a un otaku afirmado en la reja y después enmudeció. En un rincón del vagón abandonado, dormía un destartalado triciclo que en sus mejores tiempos fue rojo, mostraba la ausencia de una de sus ruedas. Una pelota de goma que el contaminado aire había abandonado y la caja con tipos de plomo utilizados en una imprenta. Propaganda de un negocio pintada sobre un latón, había extraviado varias letras en los vericuetos del tiempo y la humedad maquillada de óxido. Una mesa de plástico y sobre ella un computador, el equipo de música y varios discos compactos dispersos. En un armario, pelucas, barbas y bigotes para disfrazarse, junto a algunos uniformes de carabineros y de gendarmería.

Los gemidos seguían produciéndose. Trató de acallar su garganta, pero no le sirvió de nada. Dejó de gemir. Creyó que ya había terminado. Y en ese momento surgió de su interior un alarido apagado, tenue, oscurecido, una especie de áspero y tembloroso ruido, y pensó: ¿He sido yo? Dios mío ¿He sido yo el que ha hecho ese ruido? Apretó sus manos amarradas con furia y lloró. Las lágrimas empezaron incontenibles a rodar por sus mejillas.

De nuevo la bolsa negra sobre la cabeza y un par de patadas lo tumbaron en el suelo, empapándolo en el agua de su martirio. Cerró los ojos sabiendo que no dormiría esa noche, y tal vez nunca volvería a dormir en su cama. A su espalda las amenazas del llamado Dedo Índice. Drogado de terror y apunto de sufrir un desmayo; imaginaba ese rostro tenebroso con un ojo azul en que las venillas se tornaron rojas, de ese horrible ojo que nunca más olvidaría.

Un tren arrastrando los carros con desgano, avanzó por el oscuro túnel de la noche y su cadencioso ruido le llevo a situarse frente a la muralla del pasado. Recordó a su padre, guarda vía ferroviario en San Bernardo que un día aburrido de su miserable vida, se aferró al último carro con destino al sur y nunca más regresó. Su madre ocupó el puesto de su padre y en el límite de sus fuerzas, abrazó el embrujo del expreso a Temuco, dejándoles abandonados. Luego retornaron a su memoria las dolorosas experiencias del orfanato, los delitos menores, la calle, y el terrible ojo azul.

Estos fueron los reales hechos que le ocurrieron a El Pingüino. Intenta relatarlos, obviando sus debilidades, exagerando una resistencia y un valor que nunca demostró. Los policías, sentados en el silencio, interrumpido esporádicamente por el sonido de los bolígrafos sobre el papel de sus libretas de anotaciones, prestan atención a las palabras del joven facineroso. Sonrisas irónicas entre el humo de los cigarros. Su hermanastro, el Guarén fue ejecutado cercenándole el cuello y su cuerpo abandonado sobre los rieles. No quedaron huellas. El victimario se llevó su rostro, el corvo y el máuser. Un borrachín alcanzó a retirarlo de la línea férrea antes que el tren de carga pasara por el lugar. Aterrado. El Pingüino estaba seguro que sería el próximo marcado con tiza en el suelo de alguna población marginal. Solicita protección al inspector Aníbal Anteros encargado del homicidio del jefe de la tribu urbana,

El Caimán, apodo dado por el hampa al inspector, ordenó al detective Alegría ubicar el lugar en donde fue flagelado el delincuente juvenil.

- Es necesario solicitar al mando dos o tres pajarracos de la Escuela de Investigaciones como apoyo, y le agrega.

- Colega, por las declaraciones se obtienen pistas, pero es como buscar un político honrado en el parlamento. Por favor analice estas pistas. Los errores son tiempo en regresiva.

- Señor, a mi parecer el lugar se encuentra en una de las estaciones abandonadas, cerca de un local de venta de artículos de pesca y de una casa comercial que anteriormente fue una imprenta. Partiremos buscando en todas las estaciones del tren a la costa. Al parecer es un carro cerrado y abandonado al costado de la línea principal, cercana al negocio que expende artículos deportivos, y en especial de pesca.- Respondió el joven policía.

- Conversaré con el Prefecto Vergara para la asignación de los novatos. Cuidado con estos recién egresados, su juventud e inexperiencia los hace creer que son superpolicías y pueden alterar el curso de la investigación. El asesinato del subinspector Leiva, intentando hacernos creer en un suicidio es obra de estos criminales. Precaución al máximo si encuentran el lugar, por ningún motivo acercarse y tomar iniciativa individual. Recuerdo que estoy al mando y nos encontramos por primera vez ante un escuadrón de la muerte. Todas las acciones son secretas no sabemos si tenemos policías de alto rango involucrados. Nuestro pellejo depende del silencio. Y nunca un policía muerto me ha invitado a un trago. Zamora y Samaniego, quédense para analizar el sitio del suceso del asesinato del colega Leiva ¿Qué veremos en los ojos de un detective asesinado? La mayoría piensa y cree que con una mirada sabe como somos por dentro. La verdad tiene una costumbre, misteriosa y bella siempre sale a la luz. Entiendo que es familiar de Samaniego. La regla es: prudencia, silencio absoluto y sobre todo observación. Los depredadores humanos aparecen al amanecer y es cuando las presas tienen sed... - Replicó el Caimán.

En la puerta de la Brigada de Homicidios, en el instante que el Pingüino abandonaba el recinto, un auxiliar conductor de vehículo policial se acercó para observarle detenidamente. El miedo se apoderó de su sombra y la sensación fría del pánico, provocada por el brusco movimiento del hombre. Creyó ver de nuevo al talismán en cadena de plata, de color rojo con la palabra Abraxas impresa en letras negras, que se deslizaba por el espacio abierto del cuello de la camisa y en movimiento pendular se balanceaba frente a los ojos del aterrado integrante de las tribus urbanas...

2 comentarios:

Marina dijo...

MARIO: GRACIAS POR TU COMENTARIO... LA VERDAD ESO OCURRIÓ SÓLO EN MI IMAGINACIÓN, GRACIAS A DIOS... NO HABRÍA SOPORTADO TANTO DOLOR... PERDONA QUE NO COMENTE TU CUENTO AHORA, PERO ESTOY CORTA DE TIEMPO.

SALUDOS

Mario dijo...

El cuento "El ojo del ángel" se publicó y presentado en la 15ª Antología de Cuentos en Movimiento, mañana a las 18:30 horas en el Aula Magna del Colegio de Contadores. En las antologías de este concurso se publicaron los cuentos: El golpe eléctrico, Pistacho, Viaje al Kilómetro 0, Champagne.